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LA DEFENSORA DEL LECTOR

Juicios y pasiones

En un mundo lleno de opiniones diversas y temas controvertidos, la importancia de evitar juicios tajantes se vuelve crucial para mantener la credibilidad y la confianza

Heridas abiertas

De propósitos y deseos

CARBAJO & ROJO
Defensora del lector Charo Sádaba

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Aunque estamos acostumbrados a que suceda, no deja de llamar la atención la capacidad del deporte rey de levantar pasiones, independientemente de lo que esté sucediendo en la política o la economía a nivel global. También es interesante el papel de los medios para agitarlas y moldearlas, y cómo esto resuena en algunos lectores.

En esta ocasión el motivo de las quejas ha tenido que ver con la cobertura del partido de la Copa del Rey entre el Real Madrid y el Celta de Vigo, y más en concreto del posible penalti no pitado a favor del Celta y que pudo ser determinante en el rumbo del encuentro. La crónica de Rubén Cañizares el 16 de enero daba buena cuenta de lo sucedido en el campo, y tras el ruido generado por el posible error arbitral, otro artículo en la edición digital titulaba «El penalti no pitado a favor del Celta en el Bernabéu que indigna al fútbol», aparentemente dando por hecho lo que ni el equipo arbitral del partido ni el VAR confirmaron en el campo.

Aunque en sus comentarios muchos suscriptores de la edición digital se suman a la opinión expresada, también muchos otros cuestionan que realmente se tratara de un penalti: «El jugador se tira con gran estrategia, no hay penalti. Y punto, se acabó. Y a otra cosa. ¡Tanta monserga ya con el penalti!», o «en esta actuación acierta el árbitro y encima se asesoró del VAR». No faltan tampoco quienes detrás de la rotundidad perciben parcialidad: «Lo de la inquina de ABC con el Real Madrid es para hacérselo mirar».

José Miguélez, jefe de Deportes, atribuye estas quejas de los lectores al 'forofeo' y piensa que quienes escriben estos comentarios «no leen el periódico y ni siquiera el artículo del que se quejan». Sobre la percepción de toma de partido sobre la jugada, dice que «el periódico nunca se pronuncia sobre una jugada como información sino como opiniones que van firmadas por el cronista o por el árbitro de ABC, con el toque subjetivo que encierra por tanto todo punto de vista. No hacemos juicios en los textos informativos. La información del artículo en cuestión no está en si es penalti o no, sino que la decisión indignó al mundo del fútbol. Es una pieza de reacciones, no de pronunciamiento de la jugada. No hay un gramo de opinión o juicio en el texto, ni da por cierto nada, lo que confirma que se reclama sin haber leído ni siquiera lo que se denuncia». Sobre la acusación de inquina al Real Madrid, Miguélez dice que «afirmar que Cañizares es antimadridista o que hay inquina al Madrid en la sección se contesta solo, directamente se nos está vacilando», y me recuerda que «la última vez que salimos en tu artículo, se nos acusaba precisamente de ser una sección descaradamente madridista y antiatlética», cosa que recuerdo bien.

En un mundo lleno de opiniones diversas y temas controvertidos, la importancia de evitar juicios tajantes se vuelve crucial para mantener la credibilidad y la confianza. Consciente de que la inclusión de voces diversas y opiniones contrarias enriquece el debate y fomenta una comprensión más profunda de los problemas, pienso sin embargo que hay afirmaciones legítimas en la opinión, por ejemplo de un árbitro, y que quizá son más cuestionables en una pieza informativa.

Cómo aplicar esta visión a la cobertura deportiva, y en concreto a la futbolística, supone un reto enorme que, estoy segura, está presente de manera constante en la toma de decisiones de la sección. Las emociones que suscitan las filias y las fobias sobre equipos o competiciones, resuenan de manera especial en el contexto altamente polarizado en el que vivimos, y se trasladan a la vida cotidiana con gran facilidad.

En el cierre de su crónica del partido del 16 de enero, Rubén Cañizares dice que «el fútbol es inexplicable». Y estoy de acuerdo en que es imposible entender plenamente la dimensión que tiene el fútbol en nuestra sociedad, lo que es fascinante y frustrante al mismo tiempo. Parte de esta realidad es, y estoy de acuerdo con Miguélez, que no hay intención por parte de los más forofos de dar credibilidad a juicios o análisis que no les van a dar la razón, lo que implica en muchos casos ni siquiera leerlos.

No obstante, pienso que esta realidad no exime de la necesidad de ser prudentes en los juicios en los textos informativos para evitar trasladar la más mínima sensación de parcialidad, que estaría reñida con el necesario rigor informativo.

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